lunes, 15 de junio de 2015
Sin haber venido.
No puedes jugar a eso.
No puedes jugar a desear,
y marcharte
y dejar atrás lluvia, vacío
soledad.
Ganas de mundo,
ganas de ti.
De ti y del mundo,
de mí y de ti.
Y dejar arañazos
en las sábanas
de mi piel.
No puedes jugar a eso.
A llegar, a irte.
A dejarme libre,
menos aún.
A encarcelarme en recuerdos
de minutos
de segundos,
que no recuerdo.
A dejarme presa de mi imaginación,
a darle tinta a la emoción.
Y hacer que escriba.
Porque te fuiste, y
me dejaste,
sin haber venido.
miércoles, 10 de junio de 2015
Esta es la historia de dos amantes, amantes de la vida,
amantes del amor hacia la vida.
Ella, la golondrina, no era para nada bonita, era oscura y
desgarbada. Pero había algo que le hacía especial. Volaba de aquí para allá.
Era nómada del viento. Consigo llevaba sus alas a cada viaje. Éstas iban
perdiendo plumas viejas y, a la vez, iban apareciendo nuevas con cada
experiencia. Quería volar más y más alto, para llenar sus alas de nuevas
plumas, para dejar atrás las viejas aventuras.
El pez era hermoso, brillante y colorido. Vivía en una
pecera, encima de un viejo piano, muy cerca de una ventana que daba al mar
mediterráneo. Su sueño era saltar, salir de esa cárcel de cristal, y
alcanzarlo. Pero la realidad le hacía imaginar que era imposible que él, tan
pequeño e insignificante, pudiera dar un salto tan grande como para llegar al
inmenso charco.
Un día, en uno de sus viajes, la golondrina hizo una parada
cerca de la ventana del pez. Éste, en uno de sus intentos por saltar más y más
alto la vio, ahí posada, limpiando sus alas y mirando hacia el mar infinito. Saltó
más y más para mirarla, observarla durante menos de un segundo en el aire, y
volver a saltar. Ella se acercó a su ventana y se miraron. Entonces la
golondrina decidió pasar por su ventana todos los días, durante unos minutos
para ver a su nuevo amigo. Él cada vez saltaba más y más alto.
Un día, después de haber estado semanas visitando al pez, la
golondrina logró entrar por el hueco entreabierto de la ventana y tocó la
pecera con su pico. Lo siento, me tengo que ir, debo continuar mi viaje.
"¿Pero a dónde te
diriges?, ¿Me podrías llevar contigo?".
"No lo sé, sólo sé que mi
tiempo aquí ha terminado, tengo que descubrir nuevos mundos, nuevos rincones,
nuevas peceras".
"Llévame contigo, me subiré a tus alas."
"Lo siento."
Volveremos a ser amantes, otra vez, le dijo la golondrina al
pez.
Continuará…
viernes, 3 de abril de 2015
Me vuelo.
No sé a dónde llego, a donde quiera que llegaré. Sólo tengo
mis alas, que cada vez se dan más prisa en crecer. Conmigo llevo algo o no
llevo nada, no lo sé. No sé ni siquiera si alguien me acompaña. Y si hay
alguien dudo si es una carga que me retiene o es un impulso que me lanza.
Tampoco sé si dejo en tierra algo, o alguien. Sólo sé que me vuelo, poco a
poco, lenta y rápidamente a la vez.
domingo, 30 de noviembre de 2014
715
Quiero sensaciones sensoriales, sentimientos, emociones más allá de la física. Quiero mirar a los ojos sin hablar, durante una eternidad. Escribir con caricias todo lo que no me atrevo a escribir. Tener conversaciones sobre la nada y sobre todo. Escuchar música durante horas mirando al cielo. Quiero construir un fuerte de sábanas y vivir dentro. Ser un pez en una pecera y saltar al vacío. Quiero dormir para soñar con la libertad de tus ojos. Tocar con las yemas de los dedos las sensaciones. Escuchar alientos y sentir respiraciones. Cambiar el destino 715 veces para poder experimentarlo todo.
sábado, 25 de enero de 2014
Llamadme loca.
Cuenta historias reales, maquilladas de sentimientos. Historias que sin eso no son más que historias, así lo creen los hombres. No maquillan, no sienten. El amor es querer y no amar. Las caricias las dan con las manos, no con el corazón. Y los besos, un simple jugueteo entre lenguas. Nosotros, por el contrario, los no-hombres, esos seres locos, indecisos y soñadores, lo vemos todo, y lo contamos, como si nuestro corazón hubiera multiplicado por mil de tamaño, los latidos fuesen versos de un poema y, las miradas, la primera y más importante vía de comunicación. Así somos. Si quisiera escribir para hombres, escribiría prosa con sentido, bien argumentada y estructurada. Pero entonces no saldría del corazón. ¡Ah no!, que del corazón sólo sale sangre. Llamadme loca.
martes, 2 de julio de 2013
¿Perdón?
Aquel 13 de febrero ella se quedó inmóvil, esperando una señal, algo que le dijera "me acuerdo de ti". Te recuerdo. Recuerdo cuando solíamos jugar en la arena como dos vagabundos construyéndonos la vida. Aquella que se esfumaba con las olas, aquella que con el tiempo se derrumbaba. Pero tú luchabas y desde cero volvías a labrar un futuro, a pensar en algo, a pensar en alguien que no pensaba en ti de la misma manera. Empezabas a escribir historias con letras desconocidas que tú sólo entendías. Pero te gustaba. Te gustaba con locura, te hacía sentir adulta, caminando sobre otras arenas, esta vez más finas. Así pasaban los años, las décadas...escribiendo historias interpretadas por nadie, pidiendo ayuda a personas que ni te querían escuchar, dando cada pequeño granito de esa fina arena sin recibir ni gestos ni abrazos, ni tan siquiera excusas. Sin recibir ayuda. Porque sólo pedía perdón, perdón por a
lgo que nunca había hecho.
martes, 1 de enero de 2013
Recuerdo que andaba sobre un camino de tierra. Con mis botas
puestas. Recuerdo que los que me acompañaban me hacían sentir bien, hasta que
se fueron. Recuerdo que el aire fresco al aumentar de altitud me hacía
enloquecer un poco más cada día. Que al dormir mi mente reposaba para que al
día siguiente la locura no impidiera mi caminar. Y seguía andando. Recuerdo montañas,
valles, caminos pedregosos… y que todo me hacía sentir bien. Pero también
recuerdo incendios, lluvias, niebla, granizo… y en esos momentos, aunque
estuviera acompañada, nadie me agarraba de la mano.
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